domingo, 11 de enero de 2009

Gisborne - Año nuevo


Gisborne es uno de los puntos más ESTE del planeta, sus costas son las primeras en ver el amanecer en todo el mundo.
Anoche fuimos a la cabaña del sereno del camping. La construcción está dentro del predio de acampe, donde el neozelandés nos recibió y nos compartió parte de su cultura.
Además de nosotros cuatro había en la casa un nene bien rubio, bastante distinto a nuestro anfitrión: de aspecto maorí y unos 110 kilos oriundos de este pueblo surfer. Mientras nos enseñaba sus técnicas cotidianas y el monoambiente se llenaba de aroma a flores, el niño, hijo del amigo de Mana, nuestro compañero, miraba el documental de Bob Marley: Legend.
El chico también era bastante diferente a su padre, quien también trabaja en el camping y también parece un maorí.

En este pueblo hay un festival que dura tres días para festejar fin de año. Empieza el 29 de diciembre y se extiende hasta el año nuevo. El mismo se llama Rythm and Vines (Ritmo y Viñas). A lo largo de todo el territorio lindante a Gisborne se pueden observar cientos de hectáreas con viñedos, por eso el nombre del evento.

Entre charlas con Mana se nos fue la noche del 30 en el camping. Al otro día intentamos conseguir entradas para el último día del festival pero ya estaba todo vendido desde hace varios meses, y si por casualidad conseguíamos una localidad, la tendríamos que pagar más de 200 dólares. No, gracias, paso.

Fuimos a la playa, donde, nos dijeron iba a haber una fiesta. Tampoco la hubo; simplemente gente tomando algo en sus autos, y así pasamos año nuevo. Bien, tranquilos, como yo quería.

El primer amanecer del año no pudimos verlo. Pero si el segundo, el segundo amanecer más temprano del planeta.

Las playas son increíbles. Enormes, con las aguas verdes transparentes que te permiten verte los pies y algunos cardúmenes que pasan pidiendo permiso entre tus piernas, y, lo más lindo, poco pobladas. En algunas te encontrás con los surfers, en otras con familias jugando al Cricket (uno de los deportes más practicados en NZ) y en las restantes: soledad.

En estas últimas fue donde pasamos la mayoría de nuestras tardes. Jugando al rugby, al futbol y haciendo de las nuestras.

Gisborne es como una especie de Malibú pero sin tanto lujo. Un paraíso al alcance de todos, donde reina el amor, la paz y la buena onda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

te leo tranquilo, cauto en tus comentarios...aún...

es bueno saber que son bienvenidos allá, que al igual que ellos uds también puedan enriquecer su cultura(asadores serán nombrados supongo)

lo que más me excitó fue leer pausadamente la descripción de la playa, sonaba como un sueño...
en otras palabras estás viviendo un sueño, ojalá sigas sumando sensaciones emociones y anécdotas ensoñadas...

tq